Hace un año inicié con Natalia el proceso de mediación de mi divorcio. Ya en la primera entrevista me infundió esperanza en el proceso doloroso y, tal vez complejo, que debía afrontar. Sobre todo, me inspiró confianza: fue clara, precisa, cercana, no escatimó en explicaciones y dejó bien marcado el timing aproximado de todos los pasos a seguir.
Tras unas primeras sesiones de cierta problemática, un «click» interior me hizo constatar que Natalia estaba allá para acompañarnos, dejarnos expresar, modelar malos entendidos, guiarnos y situarnos constantemente en nuestro lugar dentro del sistema familiar.
Afirmo que es una gran profesional, pero diría que es una mejor compañera de viaje en el siempre peliagudo proceso personal y judicial que supone una separación.


