En 1994 me colegié en el Colegio de Abogados de Barcelona y empecé a dedicarme, en exclusiva, al Derecho de Familia.
Durante 20 años ejercí como abogada de familia, intentando siempre llegar a acuerdos, aunque si tocaba ir a un contencioso, iba y defendía a mi cliente.
Me había convertido en testigo de padres y madres que seguían sin entenderse, sin comunicarse, cada vez más distanciados.
Y, sobre todo, era testigo del sufrimiento que eso provocaba en sus hijos e hijas, la ansiedad con la que vivían el divorcio y el conflicto de lealtad que les provocaba al estar siempre en medio, viéndose obligados a elegir entre padre o madre.
Me di cuenta de que un proceso contencioso no soluciona, sino que enquista situaciones.
A nivel familiar y personal, descubrí que tenía mucha rabia dentro de mí, y comencé un proceso terapéutico que me llevó a descubrir que no quería más guerras en mi vida. Ni personalmente ni profesionalmente.
Así que decidí especializarme en divorcios y separaciones de mutuo acuerdo, y comencé una serie de formaciones que me permiten acompañar a mis clientes, como abogada de familia, de una manera más integral: me certifiqué como Coach, cursé 3 años de Psicología y me formé en terapia sistémica, además de terapeuta en psicodanza integrativa.
Todo ello me ha dado una visión global del ser humano y de la familia como sistema donde cada movimiento afecta al resto.
A través de la experiencia de acompañar a más de 500 parejas y de mi propio proceso personal —yo también me divorcié de mutuo acuerdo, con dos hijas que eran pequeñas— creé un sistema en el que, paso a paso resolvemos todos los temas jurídicos y legales: guarda y custodia, vivienda, finanzas, vacaciones… absolutamente todo, con un convenio y plan de parentalidad hecho a medida para la pareja, para la familia.
Claro que no siempre todo sale bien a la primera. A veces hay desencuentros, enfados, portazos… y todo esto es parte del proceso. Por eso, al mismo tiempo que resolvemos todos los temas jurídicos, también abordamos la parte emocional: cómo nos comunicamos, cómo lo decimos a nuestros hijos, si lo necesitan preparamos la conversación…
A pesar de todas las voces que me decían que no era posible, llevo años trabajando solo con divorcios y separaciones de mutuo acuerdo. Creo que es posible divorciarse con amor, aunque eso no significa estar de acuerdo en todo ni no enfadarse.
Significa poder ver lo esencial y no dejarse arrastrar por las emociones, para tomar buenas decisiones que construyan un futuro mejor para todos.
Aquí estoy para escucharos y acompañaros en vuestro proceso de separación o divorcio, estéis casados o no, encontrando las mejores soluciones para vosotros y, si tenéis hijos y/o hijas en común, para toda la familia.